jueves, 12 de abril de 2012

Para estímulo de la caridad y las buenas obras

Es la parte final del mensaje papal de Cuaresma. Sí, ya sé que voy tarde, y que es el momento de felicitar la Pascua, en la que ya ha culminado el camino de la Cuaresma. Pero por no dejar las cosas a medias.

De todas formas, poco más hay que decir. Que en un momento "en que el mundo exige de los cristianos un testimonio renovado", hemos de "animarnos mutuamente a un amor efectivo". Al fin y al cabo, de lo que hablábamos ayer...


miércoles, 11 de abril de 2012

De crisis y compromiso cristiano

Es tremendo lo del último recorte. Los mercados (o sea, personas con intereses muy umbilicales, muy suyos) quieren que España recorte en Sanidad y Educación (lo pidió expresamente así la agencia Fitz hace dos meses), y nosotros recortamos en Sanidad y Educación. ¿Para qué? Para que las cosas sigan igual, y nos tenga que rescatar el Banco Central. Es decir, que estamos dando de comer al dragón que se come las doncellas, como en los cuentos medievales. ¿No vamos a tener un gobernador valiente, que empiece a decir basta, en vez de "Sí, señor (mercado), lo que Vd quiera"?

O ¿por qué no distribuir el nuevo recorte entre todos los gastos del Estado?

Desde luego, los mercados no se caracterizan por su ética. En la época de mayor progreso occidental, seguía muriendo gente en África, y las grandes farmacéuticas impedían el acceso de los países pobres a medicamentos anti-SIDA. Y todos lo consentíamos.

Y ahora se va a seguir muriendo gente de hambre. Alguno aquí, muchos (muchísimos) en África. Eso sí que es una crisis.

¿Qué podemos hacer los cristianos frente a esto? El tema es complejo, y hay que meterse a ello. A mí me barrunta que las cosas pueden ir por aquí:
  • Me voy confirmando, cada día más, en que de esta crisis sólo saldremos a medias. Creo que, como sociedad, ya hemos alcanzado el mejor momento, y a partir de ahora tendremos que arreglárnoslas con menos. En un mercado globalizado y con muchos países "pobres", ¿podemos pensar que las grandes empresas van a invertir aquí, teniendo trabajadores que cobran salarios muy inferiores en muchos países ya en desarrollo?
  • Es decir, que tendremos que pensar en reducir nuestro nivel de vida. La verdad es que no es nada dramático, hemos vivido con menos, y tan felices. En eso, los cristianos tenemos mucho que aportar, pues hemos pensado mucho (sobre todo en tiempos antiguos, hay que decirlo) en la austeridad, la renuncia, el desapego, la ascesis... Algo de esto pretendemos ofrecer, a duras penas, en el blog de Consumo responsable de la parroquia. Caritas también lo tiene muy claro en su lema de este año: "Vive sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir"
  • Lo bueno sería que fueramos capaces de reducir nuestro nivel de vida de buen grado, porque vemos que podemos vivir con menos, y no sólo porque nos obliguen. Así, estaríamos mejor dispuestos para compartir nuestros bienes, que comenzarían incluso a sobrarnos, con los que más lo necesitan. Por ejemplo, con los que mueren de hambre, que quizás dejarían de morirse...
  • Pero, además, podríamos compartir algo con los que menos tienen a nuestro lado. Es difícil permanecer impasible cuando tienes a tu alrededor amigos (y también no tan amigos, pero también cercanos en humanidad) que van quedando en paro, con problemas para llegar a fin de mes... Podemos compartir con ellos, pero también invertir de esos excedentes que generaría nuestra sana renuncia creando puestos de trabajo estables en actividades que nos aliviaran de nuestra carrera contra el tiempo: apoyo en actividades domésticas, por ejemplo; aunque no lo "necesitemos", eso generaría ingresos en unos y tiempo libre en otros; ¿qué más podemos querer?. Porque será difícil organizar un reparto del trabajo, quizás sí podamos organizar una cierta "redistribución" del tiempo. Habrá que ser creativos.
  • No nos vendría mal profundizar en la doctrina social de la Iglesia, muy reforzada por Benedicto XVI, que habla continuamente de justicia en lo social y lo económico, bajando a aspectos tales como el consumo responsable, el comercio justo, las relaciones laborales justas... Por cierto, que dejé sin terminar la lectura del mensaje papal de Cuaresma, a ver si lo acabo y me pongo con su última encíclica.
  • Y, finalmente, tendremos que plantearnos ir apoyando a quienes piden, como pide el papa, que los mercados trabajen en beneficio de las personas, y no en beneficiarse a su costa. El mensaje es claro, pero a veces parece que nos da miedo pringarnos. ¿Por qué nos da más reparo criticar la dinámica de frío mercado en que vivimos inmersos que contratar un Fondo de pensiones o de inversión que alimenta esa dinámica?
En fin, muchas ideas, muchas cosas. Pero... ¿quién dijo que la vida fuera fácil, aunque lo pareciese durante años? Y ¿quién dijo que ser cristiano lo era?

Ahí tendremos un gran reto. ¿Sabremos afrontarlo?